Instalamos motores, sensores de luz y rieles en departamentos, casas de fin de semana y oficinas pequeñas. Estos son extractos de conversaciones posteriores a la puesta en marcha, con los detalles que suelen importar: ruido, tiempos de reacción y comportamiento en días nublados.
Vivo en un tercer piso con ventanal al oeste. El sensor de luz cierra la cortina cuando el sol pega de lleno, sobre las cuatro y media en verano. Antes bajaba la persiana a mano todos los días; ahora ni me acuerdo. El motor se escucha apenas, menos que el ventilador.
Mariana T., departamento en Neuquén capital
Tengo un ventanal en L, con un ángulo que ningún riel estándar cubría. Vinieron a medir dos veces antes de fabricar la curva. Quedó prolijo y la cortina corre sin trabarse en la esquina. Lo único: la instalación llevó una tarde entera.
Estudio de arquitectura, oficina en el centro
Programé la apertura a las siete y cuarto, quince minutos antes del despertador. Es la diferencia entre despertarse a oscuras o con la luz entrando despacio. En invierno ajusto el horario porque amanece más tarde, pero eso lo hago yo desde la app en dos minutos.
Diego R., casa en las afueras
Nos preocupaba que el sistema dependiera del wifi. No es así: el riel y el sensor hablan entre ellos por radio. Cuando se cortó internet una semana, las cortinas siguieron abriéndose y cerrándose igual. Recién ahí entendí por qué insistieron en ese punto.
Casa de fin de semana, zona de Chapelco